Por Lorena Carreño Pocas veces una región tan analizada como Burdeos produce una cosecha que desafía sus propios pronósticos. El verano de 2025 fue el tercero más caluroso de los últimos treinta años —al nivel de 2003 y 2022—, con sequía y bayas diminutas que anticipaban vinos pesados. Ocurrió lo contrario: Decanter describe la añada como «paradójica», con tintos concentrados pero frescos, de taninos cretosos, fruta azul y una mineralidad salina con la estructura de un año cálido pero sin su opulencia. El otro titular es la escasez. Burdeos firmó su vendimia más corta desde 1991, segundo año consecutivo en ese registro; casas emblemáticas tocaron mínimos: Cheval Blanc habla de su cosecha más pequeña desde 1961. En teoría, poca oferta y alta calidad deberían disparar el apetito comprador. En la práctica, la campaña de primeur abrió con cautela: Pontet-Canet rompió el fuego a finales…