Por Lorena Carreño Los 208 millones de hectolitros que el mundo bebió en 2025 —un 2,7% menos que el año anterior, según el último informe de la OIV— se leyeron en muchos titulares como una sentencia. Prefiero leerlos como una pregunta. Cuando una bebida con más de diez mil años de historia humana —como recordó el director general de la OIV, John Barker, en Vinitaly— deja de crecer en volumen, no muere: cambia de conversación. La caída se concentra en los mercados maduros y en el consumo de gran volumen, ese que mide el éxito en litros y descuenta el alma. Lo que no se contrae es el deseo de beber con sentido. Lo veo cada semana frente a una copa. La gente pide menos, pero pregunta más: de qué ladera viene esta uva, quién la vendimió, por qué este Tempranillo sabe a la…